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Las motivaciones económicas que explican el aumento del catalanismo, nacionalismo e independentismo catalán (sin cuestiones culturales)


En Cataluña hay una serie de deficiencias político-económicas que explican el crecimiento catalanista, federalista, independentista u otras ideologías por el estilo. La cuestión se centra en el malestar con el trato recibido desde la capital. En realidad, parte de los problemas no son decisiones estatales, algunas de ellas vienen directamente impuestas desde la propia Generalitat. Ahora se trata de ver las motivaciones económicas, no las culturales, que también tienen un papel importante.

La situación geográfica de Cataluña, hace de ésta un potencial centro de comunicaciones terrestres, aéreas y marítimas. En cuanto a este punto, hay dos problemas de base, el primero es la ausencia de una red ferroviaria que conecte el eje mediterráneo con Europa. Si bien es cierto que el puerto de Barcelona ha recibido un trato bastante justo, también lo es la inutilidad de estas inversiones si no existe una red ferroviaria digna que enlace el puerto con las principales ciudades europeas, como tampoco lo es si el aeropuerto es limitado en beneficio de una centralización. En este punto, debe ponerse de manifiesto que la limitación de vuelos en ciertas circunstancias puede ser positivo, esto es cuando el número de usuarios no alcanza grandes cifras y deben reunirse consumidores para mantener vuelos. En estos casos la opción es centralizar para poder mantener las condiciones idóneas para tener un HUB, pero en Barcelona este argumento no vale, las condiciones son suficientes para establecer conexiones directas. Es bastante triste que para asegurar algunas conexiones en Madrid se tenga miedo de privatizar el aeropuerto del Prat, sobretodo cuando 1) el resto de españoles también pueden ir a Barcelona para salir de España y 2) la falta de competitividad catalana también se materializa en España.

Otro de los problemas que molestan a los ciudadanos catalanes, independientemente de su origen, es la balanza fiscal. Unos dirán que el déficit es más y otros menos, pero lo que está claro es que este déficit existe y es muy superior al 4%. Una pérdida de por ejemplo el 7% del PIB anual, para no poner cantidades exactas, es un porcentaje exagerado para cualquier economía, sobretodo cuando estamos ante un mercado desarrollado (quizá una economía emergente puede aguantarlo mejor). La mayoría de economistas sitúan el umbral máximo de déficit a soportar en un 4%, más de esta cuantía ya no debería llamarse solidaridad, pues hay palabras que lo describen mejor. De hecho, a la larga perjudica tanto a quien transfiere como al receptor, ya que una zona pierde competitividad por falta de capital a reinvertir y la otra por falta de incentivos y dinamismo.

Otro tema que ha salido a la luz en los últimos tiempos ha sido la diferencia de presión fiscal entre comunidades, la diferencia entre las CCAA que más pagan y las que menos es de hasta un 17%, siendo Cataluña en el porcentaje más alto. Una de las pocas medidas que bajó la presión de un ciudadano catalán fue la reforma del impuesto de sucesiones.

Existe otro tipo de medidas de difícil análisis que también han afectado, como es el tema de la compra  de empresas españolas por parte de catalanas, a las que en varias ocasiones se les han puesto trabas. Ejemplo de ello fue el intento de OPA por parte de Gas Natural a Fecsa-Endesa, en la que tanto políticos como directivos de la target hicieron todo lo posible para evitar que pasara a ser controlada por una compañía catalana, hasta que pudieron venderla a Enel (de capital italiano).

Aunque parezca mentira, la lista de conflictos económicos catalanes no termina aquí. Los motivos causantes de molestias son muchos y variados. Ya hemos visto que el aumento del IRPF ha sido importante, a esto debemos añadir el aumento en el impuesto en las tasas universitarias, las reducciones de salario a los trabajadores públicos (no sólo funcionarios), el céntimo sanitario, los peajes omnipresentes, las facturas sanitarias por visita, etc.

En definitiva, el mercado catalán está inmerso en un conjunto de circunstancias económicamente desfavorables, provocando una merma muy grave al crecimiento económico del territorio. La salida a la crisis tendrá que ser más rápida de lo que a día de hoy se puede esperar, o de otro modo podría echarse a perder lo que en su día fue uno de los motores económicos de Europa… cada vez queda más lejos lo que se llamó "los cuatro motores de Europa", Baden-Württemberg, Lombardia, Rhône-Alpes y Catalunya.

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